miércoles, septiembre 20, 2006

Oaxaca:

niños se suman a barricadas.

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Rumbo a Huatulco, la casa de gobierno donde despachaba Ulises Ruiz es ya un campamento permanente de la APPO. Ni los 300 policías que permanecen acuartelados dentro del búnker de la Secretaría de Protección Ciudadana (Seproci) -a un costado de la casa de gobierno- pueden hacer nada para zafarse de ese cerco que lleva ya más de 100 días. Es una casa vacía, vigilada para nadie.

Lejos de intentar alguna acción policiaca, los gendarmes han llegado a un acuerdo tácito para que los cientos de manifestantes les permitan realizar cotidianamente sus relevos de elementos cada 24 horas y el ingreso de alimentos para los que quedan ahí encerrados, custodiando una casa donde ya no está, desde hace mucho tiempo, el gobernador de la entidad, Ulises Ruiz Ortiz.

Por la noche, la carretera es un impresionante camino atenazado. A medio kilómetro de la casona de gobierno y de la Seproci, dos enormes tráileres bloquean la carretera de ida y vuelta Oaxaca-Huatulco. En el otro extremo, otros dos camiones cierran la pinza para no dejar pasar a nadie.

Entre uno y otro extremo varias barricadas sirven además como filtro de acceso a quienes van a pie. Esa es la zona más atrincherada.

A las dos de la mañana, el portón de acceso a esa casa vacía, está bloqueado por las lonas y plásticos de los miembros de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO), que duermen por turnos, para realizar las guardias a uno y otro lado del camino, armados, algunos, solamente de machetes y palos. Todo el escenario indica que aquí ya no hay camino de retorno, porque la movilización rebasó a los líderes visibles.

"¡Ese cabrón aquí no va a regresar nunca!", advierte uno de los "vigilantes" de esa guardia popular que se extiende por toda la ciudad. Ahí no hay una cabeza aparente. Muchos no conocen físicamente ni por foto a los líderes formales de la APPO Flavio Sosa o César Mateos. Enrique Rueda es el más famoso por ser el líder magisterial local. Pero, aun así, por encima de todos ellos hay realmente un populacho levantado. Por todas las colonias de la periferia pueden verse las fogatas. Sombras se recortan y reverberan a lo lejos, entre el crepitar de las ramas y troncos en combustión. Detrás de esos remedos de barricada, hay una sociedad civil verdaderamente en movimiento. Llama la atención la notable presencia de ancianos -principalmente mujeres-, niños, y jovencitos que apenas rebasan los 18 años.

En la colonia López Portillo, doña Emilia X, de 63 años -"No queremos dar nombres porque aquí somos todos, no sólo uno"-, custodia ese parapeto junto con otro hombre de 66. A lo lejos se escuchan los silbatos de otros "vigilantes", que protegen barricadas de las colonias Guelatao, Bravo Ahuja y La Nacional. Lo que era una autodefensa contra la delincuencia, se volvió un movimiento político:

"Tenemos diputados y senadores para que nos defiendan, no para que nos agredan. Ellos son los que más ganan... ¡y mire usted lo que hacen! Y luego el presidente Fox dice que ya cerró la cortina... ¡Sí, la cerró a la solución de los problemas, pero no para cobrar", dice doña Emilia, aguerrida, la que recela de los medios de comunicación, la más renuente a permitir el paso al fotógrafo y al reportero... Pero la que más habla.

Mientras, la sección 22 del SNTE se alista para lo que será una larga y voluminosa marcha, de casi 5 mil maestros, a los que se le sumarán otros casi 4 mil de esas fuerzas emergentes de la APPO, que partirán el jueves a Puebla, pasarán por Morelos y luego irán al DF, donde tienen planeado hacer acto de presencia en embajadas extranjeras a partir del jueves.

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