martes, marzo 06, 2007

“LA MODERNIZACIÓN DE LA IZQUIERDA PARA ATENDER LA SUBMODERNIDAD DE LOS POBRES”

Por: Ferrer Galván Acosta

Denise Dresser en su artículo Apocalypticos (sic), aparecido en el semanario Proceso (No. 1581, 18 de Febrero de 2007, pag. 60), realiza un análisis, ciertamente, muy superficial y pobre, que de hecho aparece como un elemento más de la campaña “oficialista” para disminuir, al menos retóricamente, al movimiento social que encabeza Andrés Manuel López Obrador. Por lo mismo, la torpeza con que está escrito, permite conocer la esencia del discurso de la derecha.

Denise Dresser, escribió, en un artículo anterior, que no veía el fraude por ningún lado, a pesar de pruebas, que al menos debieran generar dudas, como la papelería electoral hallada en el “Bordo”; la alteración, probada por diversos usuarios de Internet, en que los datos reportados en las casillas electorales no son los mismos que se capturaron en el Programa de Resultados Electorales Preliminares ni en el conteo final. Para ella, nunca fue válido que un número importante de casillas de las que se abrieron reportaran faltantes y sobrantes de boletas.

¿Por qué una mujer tan estricta, como para inventar toda una gama de “caras” de la izquierda, desechó las muchas pruebas de que Andrés Manuel López Obrador habría sido víctima de un fraude electoral? ¿Acaso el dictamen de TEPJF, por el hecho de ser inatacable, está fundado en la verdad histórica? Eso sería como afirmar que todos los hombres y las mujeres que están en los reclusorios del país, son delincuentes, porque así lo creyó un juez, y como su sentencia es inatacable, pues esa es la verdad y punto. Por ejemplo, la intervención ilegal del señor Fox, fue probada por la Coalición por el Bien de Todos ante el Tribunal Electoral y confesada por el propio Fox en días recientes, lo cual, puso en riesgo la elección. La intervención de Vicente Fox, como presidente de México, a favor de su candidato fue ilegal, su participación se produce en el abuso de su encargo para fines personales, políticos y hasta económicos; según todos los diccionarios, a eso, al abuso de su encargo presidencial, se le llama defraudar y el que defrauda hace fraude, en este caso Fraude Electoral; entonces el origen del señor FeCal (por su acrónimo) como presidente del país es el fraude y por tanto ha sido impuesto ilegítimamente por las instituciones.

Así, la señora Dresser, aval intelectual, no por omisión sino por expresión, del origen fraudulento de quienes tienen secuestrado el poder, nos demuestra su capacidad creativa y clasifica a la izquierda en “caras” y de entre esas “caras”, asume cuál es la que debería convertirse en mayoritaria. ¿Debería? Sí, así lo dice. ¿Puede alguien que creyó que lo que México “debía” era avalar el fraude, decirle a la izquierda cual es la cara que debiera presentar al pueblo? Evidentemente, no. Ni siquiera ella lo cree, porque ni siquiera ella misma se asume, como páginas más adelante lo hace Ignacio Solares, como de izquierda, porque ni siquiera se asume como socialdemócrata. Denise Dresser es una más en la larga fila de intelectuales orgánicos del status quo, el estado de cosas que los encumbra como intelectuales. Para ellos y su soberbia, los poderosos son hombres bondadosos dadores de becas para mentes lúcidas como las suyas. En agradecimiento a esa bondad de los poderosos, estos intelectuales se convierten en portavoces de sus intereses, al menos de la preservación política del grupo dominante. Podrán decir, “yo he criticado duramente a quienes tienen el poder”, sin embargo, nunca lo han hecho en los momentos en que las definiciones políticas puedan ponerlos en riesgo; en contraparte, este tipo de artículos, surge en el momento en que hay una campaña generalizada que pretende hacer pasar al Movimiento Social que encabeza López Obrador, como una facción partidaria.

La letanía sobre la necesidad de una izquierda responsable y moderada, surge exactamente, del mismo lugar, y fue creada por los mismos hombres, que también inventaron la campaña que afirmaba que Andrés Manuel López Obrador es un peligro para México. No son, acaso, las mismas letras, las mismas voces. ¿No escribió, Denise Dresser, después de las elecciones, que AMLO demostraba ser un peligro para México, por encabezar el movimiento popular de repudio a la imposición de FeCal?

Vamos a fondo. ¿Para qué esta nueva campaña? Nadie puede llamarse sorprendido, ni la señora Dresser. López Obrador encabeza un movimiento social multitudinario. Creo que sería inadmisible un comentario simplón que niegue esto, aunque no deja de ser encomiable el esfuerzo de algunos por intentarlo. Este movimiento social y político que encabeza Andrés Manuel, es el único, entre los varios esfuerzos por organizar a los marginados (sociales y políticos), que goza de legitimidad y representatividad social mucho mayor que la del presidente institucional; también es el único que se atreve a desafiar y denunciar no sólo en el discurso sino también en la acción a las indefendibles instituciones; y, finalmente, es el único movimiento social, que se ha construido en México, desde hace muchos años, con la clara perspectiva de tomar el poder y transformar al Estado. No es una facción partidaria. Es un movimiento, una corriente política, a la cual pertenecen tres partidos políticos con registro, y cientos de organizaciones sociales, pero preponderantemente ciudadanos. Se demostrará una vez más, en la segunda asamblea de la CND, mientras López Obrador llena el Zócalo, Felipe Calderón no podría participar en un acto en el Zócalo o en cualquier plaza con más de, digamos, cinco mil personas.

Denise Dresser, desde su ambigua posición política, escribe que los socialdemócratas son los que hoy son minoría “pero deberían convertirse en mayoría”; no se queda ahí, a los que denomina “los socialdemócratas marginados/marginales” los describe con varias frases de las que es posible resaltar un fragmento, que si aquellos que se sentaron a la izquierda, en los orígenes de la geometría política, lo leyeran, definitivamente hubiesen pensado que fue escrito desde el otro lado de las bancadas. Según la eximia politóloga, la “cara” de la izquierda que debería convertirse en mayoría es la integrada por “los que apuestan menos a la ideología y más a la política pública. Los que exigen la modernización de la izquierda para atender la submodernidad (sic) de los pobres” (las neritas son mías). Desde mi punto de vista, el de alguien que sí se asume de izquierda, bastan estas dos frases para considerar ajeno de la izquierda a su autor.

¿Por qué la derecha está empeñada en decirle a la izquierda, qué posición debería ser la mayoritaria en su seno? Si desde la izquierda lanzáramos una campaña que dijera “La posición mayoritaria en la derecha debe ser aquella que no aspire al poder y que abandone su ideología conservadora”, seguramente se pensaría, lo que es obvio, que la izquierda pretende una derecha que no exista. Por ello, es una obviedad decirlo, aunque no está de más: Esta campaña oficialista para sugerir a la izquierda cualquiera de sus fachadas, es una campaña orientada a evitar que la izquierda acceda al poder.

Por ello, es ingenuo creer que tienen cabida algunos personajes de la izquierda mexicana en el escenario de la derecha. No son los chuchos esos aclamados socialdemócratas que la derecha exalta desde sus espacios de análisis, no es la Nueva Izquierda la cara moderna que México necesita para la izquierda sino la facción partidaria, que utilizará la derecha para desmembrar a la izquierda y con ello, acabar con la transformación de las instituciones que está impulsando el movimiento de resistencia civil pacífica.

Para eso se escriben estos artículos tan frívolos, como el de Denise Dresser. La transformación del Estado, infiere la transformación de las instituciones, y con ello el fin de los privilegios, que algunos intelectuales no están dispuestos a perder. Por esta razón se atreven a escribir artículos tan sosos y con referencias culturales tan bajas y elementales, como la película Apocalypto.

No sorprende la intención de la derecha por socavar a la izquierda. No sorprende la intención de quienes detentan el poder por preservarlo para sus intereses. Sorprende sí, algunos integrantes de la izquierda que caen en la trampa de, como dijo López Obrador, el 16 de septiembre en la Convención Nacional Democrática, “la compra de lealtades y conciencias disfrazadas de negociación”

Del blog de la Liga Nacional de Comités Ciudadanos en Resistencia.

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